12 de septiembre de 2017

2487- PILSEN, CERVEZA Y MISTERIO.

Pilsen (Rep. Checa) no es solamente la cuna de la cerveza más popular del mundo, sino también la cuarta ciudad más importante del país. El lúpulo cosechado en la comarca es la base fundamental para la obtención de las marcas de cerveza más reputadas del mundo. La ciudad fue importante desde su fundación, pero más aún desde que a finales del siglo XVII el emperador Rodolfo II de Hansburgo la convirtiera en su lugar de residencia al huir de la peste que azotaba Praga. En la primera mitad del siglo XIX fueron demolidas sus murallas que fueron sustituidas por numerosas plazas y parques. En 1842 se elaboró la primera cerveza de la marca Pilsner Urquell y a partir de aquel momento nacieron una tras otra.

Para quienes buscan el misterio y la historia, la ciudad de Pilsen alberga una ciudad más insólita. Una ciudad enterrada que nació en los albores del siglo XII y extendida en los siglos siguientes hasta bien entrado el siglo XIX. En total son 17 Km. de calles y pasadizos, cuyas estancias tenían la importante función de albergar importantes fábricas de vino y malta, así como la conservación de todo tipo de alimentos y bebidas. Sus galerías de desagüe, pozos y correcto alcantarillado permitían la instalación de talleres artesanales, resguardados de las miradas inoportunas de quienes buscaban plagiar la industria cervecera checa. Con la llegada de la modernidad algunos espacios fueron cerrados, pero buena parte de esa ciudad subterránea sigue activa y ocupada por la industria cervecera local.

No deja de ser extraño que bajo una ciudad tan moderna y cosmopolita como Pilsen, se puedan encontrar todavía esos 17 Km. de salas y pasadizos medievales, pasado y futuro de la más exquisita cerveza europea y cuna de la bebida mundial por excelencia. 
Es lo que pasa con las ciudades de larga historia, donde se funde el pasado con el presente y con el futuro. En Pilsen resulta casi obligado tomar una buena cerveza pero, además del paladar, también se puede satisfacer el espíritu.
La vieja sinagoga plasma la importancia que tuvieron en este lugar los judíos del siglo XIX. También la catedral de San Bartolomé puede ser una de las visitas más importantes. Con más de 100 metros de altura, su torre es la más alta de todas las iglesias de la República Checa. La Plaza de la República, el Museo de la cerveza, el lago Bovelec, grandes y grises edificios de viviendas levantados en la época comunista, que últimamente se han pintado para reflejar la alegría que ha traído a los checos la democracia.
Un país relativamente barato que vale la pena visitar.

RAFAEL FABREGAT

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